VIERNES, CONSTRUCTOS SOCIALES E IDIOTAS VARIOS

Constructo social
Imagen llegada por guasáp. Vaya uno a saber de quien es el copyright.

       AUTOR: SHNEY

 Se ha puesto tan cabronamente complicado moverse socialmente con algo de soltura, en lo posible sin herir susceptibilidades ni atropellar derechos —reales o imaginarios— que la posibilidad que  un simple monosílabo, por ejemplo, pueda dar comienzo a una diatriba por parte del ciudadano hipersensible que siente que con tu  brevísimo comentario le has dado un agarrón en pleno culo, en cierta medida te coarta. Y es lógico ( que no sano) que eso ocurra. Y no es sano porque pensarlo dos veces antes de poner un tema sobre el tapete es una especie de censura y de las peores: la autocensura.

 Es un salto en la oscuridad el que das cuando, por el simple placer de conversar afirmas que ” este año ha sido más — o menos, da lo mismo— lluvioso que el anterior”

 Así está el patio, colegas. Jamás se les ocurra soltar  en público una perla como: “a pesar que mi trabajo es mal pagado y cabreador, soy un tipo feliz” Recibirán miradas entre torvas y burlescas amén de una etiqueta del tipo “borrego”, “lacayo”, “etc”.

Antes, los temas tácitamente vetados en la mesa eran: política, religión y con el paso del tiempo, se ha agregado el fútbol. Y estaban vetados por la sencilla razón que normalmente acababan en discusiones un tanto agrias, cuando no subidas de tono, básicamente porque esos temas son muy opinables y casi nadie tiene coincidencia de opinión al 100%, con el prójimo al respecto. Hoy, el universo de cosas sobre las cuales poder entablar una plática se ha reducido drásticamente: ” Lucía acaba de tener un bebé, fué varón” — dice alguien con casual desinterés—  ” Sí, pero el hecho que haya nacido con  pene, no significa que vaya a ser siempre hombre” — alega Marta, la feminista residente, y ahí mismo cagó la sobremesa.

Es enervante sentirse como búfalo en una cristalería por esto de la correción política,  los Torquemada del lenguaje —nuevos inquisidores 24/7— y la remilputa que los parió. ¡ Y es tan fácil sin darse uno cuenta, provocar urticaria en algún interlocutor o simple oyente al pasar…! ” Prefiero el invierno al verano” —dices.  “Claro” —ladra el  termocéfalo de turno— ” como vives perfectamente cómodo en tu casa en buen barrio y tus ropas de buena marca te protejen, claro…pero ¿ y los pobres, los sin casa, los que viven en las calles, los explotados, los….” Oh, merde!

Entonces, ¿ qué nos queda?

Pensar.

Ejercer la actividad de pensar.

Con una salvedad:

Hay que hacerlo poniendo cara de jugador de póker, porque:

Si lo que estás pensando te motiva a sonreir, no faltará quien diga ” y éste, ¿ de qué mierda se rie? ¿ no sabrá que a lo largo y ancho de este mundo hay guerras, hambre, huérfanos, gente sin acceso a la salud, al agua potable, porque las mismas transnacionales de siempre están promoviendo esas guerras y de pasada, agotando los recursos del planeta?”

© Compilapilatos 2018.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ISI RAIDER

     Autor: Shney

      Ya no somos los mismos, qué duda cabe. Hemos cambiado. Imperceptiblemente, comenzando por nuestros rasgos —de repente nos encontramos con una arruga alrededor de los ojos, por ejemplo— el estado físico en general, la mente en particular, todo en nosotros ha cambiado. Aún nuestros gustos sobre diferentes ítems ha ido, paulatina e irrevocablemente, mutando. Y en estos ítems, podemos encasillar a nuestras relaciones personales y/o afectivas. Por poner un ejemplo duro : “¿ Cómo mierda pude amar a este bodrio que en cuanto abría la bocaza la cagaba, amén de su insoportable pedantería que en ese entonces se me antojaba personalidad incomprendida por el común de los envidiosos mortales?”

Easy Rider
Iconos de mi generación setentera: Fonda y Hopper.

Y está bien que así sea. Nada hay más patético que aquél ciudadano del siglo XXI que insiste en vestirse como si viniera llegando de Woodstock. No. No cuadra.

Hubo varias cosas que fueron mi desideratum. Una de ellas fué el tema de Procol Harum ” Song for a dreamer” que no lo había podido encontrar en vinilo, como alguna vez lo tuve ( prestar libros y/o discos es una pésima inclinación) Ya lo tengo ¡Sursum corda!

         Lo que sin lugar a dudas rondaba insistentemente por las anfractuosidades de mi materia gris era una película. Una película que ví no sé cuantas veces —pero más de 10, en todo caso. Con mis colegas macoñeros, panda de jipis tercermundistas, si hubiese existido eso de “cliente frecuente” en el cine de mi pueblo donde la estuvieron exhibiendo, habríamos obtenido la credencial platinum, por lo menos. Fueron varios fines de semana en que, deliciosamente arrobados por la ingesta de alguna sustancia ilegal, nos dejábamos caer por el local y ahí nos quedábamos, disfrutando de su banda sonora —cada uno de cuyos temas, por sí solos se transformaron en clásicos del Rock— hasta que Don Tito —el tipo que estaba en la cabina operando el proyector—, nos exhortaba a grito pelado: ” ¡ Ya poh, vagos de mierda, mándense a cambiar que son las 11 de la noche…!”  Sublime e inolvidable Don Tito.

          Como habréis deducido, sagaces, al ver la imagen que ilustra este mamotreto, la película es “Easy Rider”, cuyo título fuera traducido como “Busco mi destino” o “Buscando mi destino”

            Nos maravillamos con la música y con la filosofía de la libertad, con la filosofía del compartir y todos esos tópicos que más tarde Lennon plasmaría en Imagine y que, tanto ayer como ahora, se contraponían abiertamente con el modelo de sociedad, materialista, en que se desenvuelve el asunto.

Bien, hace algunos dias, en Netlix, encontré el objeto de mis desvelos juveniles y me preparé a disfrutarla a todo trapo: Jamaican Dream para amenizar la velada.

¡ Que frustrante y cabrona desilusión!

            Vista con los ojos de siempre pero tamizada por la mente de ahora, la película es una porquería. Dicho así, sin anestesia ni preámbulo: un embutido donde se mezclan sin miramientos ni objeto la más variopinta colección de clichés que en su entonces, a nos, parecían objeto de la más profunda filosofía y aspiración existencial. Casi al mismo nivel de la que espetaba desde sus escritos el “lama reencarnado” Lobsang Rampa, otro farsante irredento, producto también de los gloriosos 70’s.

          ¿ Lo bueno de esta aventura? Que mi hijo menor no estaba en casa y, conociéndolo, no tendré que pasar por sus miradas aparentemente inocuas pero virulentas en su irónico sesgo.

 

 

 

© Compilapilatos 2018.-

 

 

 

 

MIELES Y MONÓXIDOS URBANOS

Autor: Shney

        Atreverse a mirar con determinado desenfado lo que se supone viene — bueno, malo o peor— adobado en mieles, monóxidos urbanos  y meticulosamente envuelto en celofán de chinos bajo la nomenclatura de “porvenir”, “futuro” u otro tèrmino del mismo jaez, como si ya no estuviésemos viviendo el futuro, segundo a segundo, gota a gota; como si ya no lo estuviésemos — observado desde otra perspectiva, fruncido el ceño— muriendo a tranco de oficinista abordando el Metro. Hacerle un berrinche apoteósico, con corte de manga incluído al más ortodoxo y secular estilo napolitano, representando y resumiendo la negativa naciente desde lo más profundo del sistema de órganos, glándulas y tejidos que conforman ese todo llamado “uno” o ” fulano de tal”: me niego a participar en el casting para ese reality/degollina —embadurnado de eufemismos— para signar ese espacio de tiempo aún de incierta cercanía o lejanía que, de una u otra manera independienemente de nuestra filiación religiosa, étnica, política o deportiva ; de nuestras preferencias de género, incluso, asoma o asomará el morro tras el horizonte del presente. ¡ Paso, colegas!

ArcosBlancos
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      Futuro…concepto grandilocuente contenedor y cimiento de nirvánico edén, como la zanahoria atada a un palo y el palo sujeto a los arreos del jamelgo que, por más que se empeñe, jamás consigue alcanzar pero, al menos mientras la ve frente a sus ojos, tiene el consuelo inane de que tal vez, en una de esas… Y en eso hemos estado, estimadísimos contertulios. Con denuedo e implacable resolución, fruto de las semillas que de generación en generación han sido plantadas en nuestros calendarios, perseguimos y seguiremos  persiguiendo la zanahoria aquella, sintiéndonos felices y recompensados de estar, sin saberlo, dando palos de ciego a la piñata que cuelga desde el pescante de la calesa que en el cielo transporta nuestros más preciados anhelos.

      En el interín, empero, nos olvidamos del presente. Nos olvidamos de tomar conciencia de la delgada línea sobre la cual nos equilibramos, indolentes funambulistas de circo pobre y patético y repetido hasta el hartazgo: siempre el mismo programa, los mismos artistas y el mismo público con alguna que otra deserción producto de los inevitables y acertados guadañazos de la huesuda.

        El problema no es el futuro, es el presente. El futuro lo podemos esquivar —desembarcando voluntariamente antes, por ejemplo— el presente no: ya estamos hasta los ejes empantanados en él.

 

© Compilapilatos 2018.-

SIMPLEMENTE ALGO DE LLUVIA

Gotas de lluvia derraman su plateada melancolía sobre los techos, calles, jardines y semáforos —estacados en alguna esquina también húmeda de mi pueblo. Sobre los escasos viandantes que semiinclinados como un slash apuran el paso hasta donde les es posible. Sobre los gatos, renuentes a admitir una derrota negándose a abandonar el espacio abierto, sentados sobre sus colas, desde donde contemplar taciturnos la luna ausente hasta nuevo aviso. Sobre los sonidos que reptan por debajo de las puertas y rendijas de cada ventana de cada casa de cada calle, de Cadaqués, incluso. Sobre las emanaciones malsanas de los pensamientos, adobados en su putrefacta mala leche, de aquellos amantes despechados que sólo desean  alguna desgracia gigantesca — heridas, cicatrices y alguna deformidad inocultable incluídos— caiga sobre el otro, condenándolo a un remedo de vida por los siglos de los siglos, amén. Sobre las huellas, largo tiempo desaparecidas por la superposición de otras que no son las mías, que se me quedaron, irrecuperables más no olvidadas, en la vereda que llevaba a tu puerta, desde ahí al amplio corredor y a tu cuarto.

Plaza de Armas con lluvia
La plaza de mi pueblo bajo la lluvia. © Shney Shloshá, 2018.

Gotas de lluvia indolentes, leves y gráciles golpeando en sordina la calva monumental del Gringo Hans, borracho perdido quien, brazo en alto, saluda con un Sieg Heil la estatua de Onofre Encino, primer— y único hasta el momento—bombero mártir del pueblo.

Lluvia, lluvia incipiente. Mensajitos esferoidales que las nubes nos envían; pródigas, democráticas, inclusivas: homos y heteros; comunistas y derechistas; católicos, protestantes, ateos, librepensadores, agnósticos y judíos; zorras y beatas; obreros y vividores impenitentes, todos… todos en comunión no declarada ni sentida, mojados igualitariamente, ¡Aleluya, hermanos !

Lluvia…telégrafo de agua que me lleva al barrio de mi niñez —calles sin pavimentar, barrizal cotidiano— y aún así entrañable por  contener la promesa de toda una vida que aún no había vivido. Y que ya no viví, es cierto.

Lluvia…, amable compañera de mis insomnios, tamborileando en oleadas por doquier, llenas mi espíritu de la confortable e irrepetible gratitud de saberme y sentirme vivo.

Lluvia. Gotas de lluvia depositan con ininteligible murmullo su atávica oración sobre la tumba de mi viejo y el ciclo continúa:  lluvia, ríos, mar, nubes, lluvia, ríos, mar, nubes, lluvias, ríos, mar, nubes…

 

© Compilapilatos 2018.-

 

 

 

 

 

 

 

 

DÉJAME LLORAR, SÓLO DÉJAME LLORAR.

Autor: Shney

Déjame llorar, sólo déjame llorar—le dijo—en un intento débil e inútil, agotadas las fuerzas y  voluntad por superar a manotazos los embates torrentosos del río que le crecía y embargaba y asfixiaba a ratos.

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Crédito: https://koakura.wordpress.com

 

La contempló, pequeña, sufriente como ella sola y como infinitamente sola sabía que se sentía. ¡ Qué no habría dado por hacerse con parte de ese dolor, tomar algo sobre sus hombros, aliviarla con la desmesurada carga que había acabado por derrumbarla! Sólo podía ser su testigo, sin embargo. Inútil pretensión: por mucho amor que se tenga, es imposible ocupar el lugar del otro y eso, no tiene vuelta ni admite interpretaciones. No había palabras en alguna parte, ni poeta, declamador o sabio que pudiera poner un bálsamo de consuelo sobre sus heridas, antiguas y nuevas. De nada sirven los abrazos ni besos ni la sinceridad en los ojos al decir ” te amo” El llanto, su llanto, lo relega todo a un segundo plano; sólo las lágrimas y los sollozos apagados dominan, subyugan, se hacen fuertes, gigantes hasta oscurecer el sol; imponen sus tiempos y condiciones.  Le dolía inmensamente verla y sentirla así, entregada inerme a esa pena profunda, desgarradora en su inconmensurable potencia. No sabía qué hacer, menos cómo. A este dragón no tenía cómo vencerlo a pesar de su resolución – pensó  con amarga certidumbre.  Su armadura y lanza se le antojaban ridículamente endebles ante tamaña mole y ferocidad y su corcel, famélico.

“Cuando niña, cuando joven, cuando mi mundo se derrumbaba a pedazos una y otra vez, cuando lo terrible golpeaba mi puerta derribándola e invadía cada rincón del cuarto, lloraba; me escondía a llorar, sola, tratando de que nadie me escuchara en medio de la soledad afectiva en que crecí. Déjame llorar, Ari, no te preocupes, esto pasará, sólo quedará una cicatriz más, una sombra más, eso es todo; el mundo, todos los mundos seguirán girando”

 

© Compilapilatos 2018.-

 

 

UNA INTRODUCCION Y TRES QUISIERA

           AUTOR: SHNEY  

 

         Es tanto mi  empeño por conceptualizar lo que quisiera —y no es que necesariamente el objeto de ese deseo tenga más importancia de la que debiese— que se me hace un nudo, justo donde el entendimiento  y la razón se conjugan con el paisaje de versos y besos sin acabar,  amontonándose a la salida de mi puerta. O en la puerta de salida de mi casa, que para el caso, casi da lo mismo, aunque no sea así. Es algo como cuando, tentando el ya exiguo contenido de la bolsa de Lay’s que llevas a tu hijo, te das cuenta que él se dará cuenta y la consecuencia lógica —lógico— al entregarle el patético envoltorio será que te obsequiará con una mirada de fulminante compasión pero, aún así, no puedes dejar de sacar una tras otra: —”ya, la última” — y te engañas, ¡maldito cerdo!

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https://www.pexels.com/@markusspiske

Quisiera

            Que mis palabras fluyeran sobre tus hombros como viento de abril en la tarde y se materializaran incrustándose en tus circunvoluciones cerebrales, por ejemplo. Hicieran muescas y estrías como dibujo de marino en la balaustrada del puente, y entendieras que la palanquita ubicada bajo el volante —a la izquierda— sirve para encender el señalizador de viraje, ¡ Oh, amor mío! y que usar este dispositivo no es una muestra de versallesca o servil cortesía sino, algo dispuesto en la Ley de Tránsito cuyo objeto es evitar, precisamente y a modo de ejemplo, que el conductor al mando del gigantesco  camión, por delante del cual atravesaste a la otra pista con total impudicia, se viera obligado a frenar escandalosamente y en el envión, sacando casi medio cuerpo por la ventanilla, cubrirte —y por el sólo y mágico hecho de ser tus acompañantes en el momento—  cubrirnos a puteadas y como colateral, que a nuestro retoño y a mí se nos llegasen a hinchar las venas del cuello, aguantando el mortal error que sería cagarnos de la risa ahí mismo. El miedo es  cosa viva, dicen.

               Quisiera

            Poder envasar los aullidos de las manadas de grillos que se juntan en nuestro patio a llamar la atención de la luna para que les dedique una mirada de fría luz, y regalarlos por suscripción especialmente a aquellos terrícolas que viven aislados, en departamentos a muchos metros de distancia del suelo y a más distancia aún del resto de la Humanidad, y que en su vida han escuchado ese tipo de sinfonías gratuitas.

                  Quisiera…

Leer en el periódico de mañana que pese a todos los esfuerzos en contrario, ha estallado la Tercera Paz Mundial

 

© Compilapilatos 2018.-

JUNTO AL GRAN RELOJ

 AUTOR: SHNEY

             Junto al gran reloj quedaron muchas cosas sin decir, silenciadas por la costumbre de creerlas sabidas, y no es menor el percatarse que el tiempo es como un río que no espera por nada ni nadie; inexorable, sólo va, incontenible en su derrotero.

             La tregua acaba —brevemente entre las nubes se ve el cielo y no es azul. Con un chirrido en sus goznes, el mundo vuelve a girar, como ha sido desde vaya uno a saber cuando.

 

Fotos en una caja
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      Y aún así, no supe comprender que esta vez… esta vez… sí era el final; que sería necesario detenerme, mirar alrededor, comprobar con dolor que ya no estás y seguir andando. Andar. Detenerse. Comenzar…esperar: Uróboros enseñando acerca de la persistencia del existir; de la trascendencia de lo que hemos recibido y que, a su vez, debemos, en lo posible entregar acrecentado a quienes tendrán la misión de continuar con lo que dejamos a medio terminar —o comenzar— según se vea. Críptico diagrama del soplo de vida que entre miles de millones de posibilidades se ha manifestado en un yo. En un yo-ahora.

           Yo soy porque tu fuíste. También, de alguna y muchas maneras, soy tú, y los que siguen luego de mí, también lo serán. De alguna y muchas maneras.

               Miremos…

               Las nubes traen lluvias, que vuelven a ser nubes. En tanto, es doloroso, doloroso y gratificante — desafío de escalada libre sin más apoyo que nuestros dedos, músculos y voluntad— aprender a vivir. Nacer, morir. Perder, ganar. Hasta que este río — nuestro río— se una al Mar.

               Inmensa es la utopía de pretender me escuches, lo sé. Sabemos que eso no es posible. No hay voz ni sentimientos que puedan  llegar donde estás, porque ya no estás.

                   La razón me dice que no hay absoutamente ninguna posibilidad de que en algún momento, en algún lugar, alguna vez, volveremos a encontrarnos, de alguna manera. El camino acaba y ya.

PERO

AÚN

ASÍ…

 

 

 

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REFLEXIONES DESDE LA CLÍNICA

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AUTOR: SHNEY

 

          No se por qué me pasa esto pero es un sentimiento que se me ha escondido entre los pliegues del espíritu y ahí ha estado desde que tengo memoria. Ahora bien, como me han dicho algunos, y mi experiencia personal también, lo más normal es que la memoria le sirva al individuo para puro olvidarse de las cosas —que es lo que a mi me viene ocurriendo no se desde cuando— porque ahora mismo, sin ir más lejos, tenía pensado hacer algo distinto a lo que estoy haciendo pero tampoco estoy seguro, asi es que mejor me he puesto a escribir, que así no le hago problemas a nadie ni nadie podría tener la desfachatez de reprenderme por algo que no estoy haciendo.

      He estado mirando por la televisión los noticieros y cada vez me quedo más convencido que la vida (o puta vida, como algunos le llaman), se está poniendo cada vez más complicada, y ya resulta una verdadera epopeya el sólo pensar en llegar a viejo o, a lo menos, que el camino de la existencia no se vea de pronto frente a frente con un abismo que un simple mortal como somos todos los que transitamos a lo largo y ancho de este mundo pueda de un salto dejar atrás. Porque cualquiera se puede dar cuenta sin necesidad de discurrir demasiado, que un abismo ( y abismo viene siendo el pedazo de camino que vaya uno a saber por qué quedó sin territorio por el lado de abajo, en una distancia mas o menos variable tanto a lo largo como a lo alto), no se puede cruzar de dos, tres o más saltos sino de uno solo. Y de esa realidad nadie se salva, a menos que el necesitado de cruzar, ya sea por conseguir una vida ( o puta vida) más larga de la que sospecha pueda tener, sea un campeón de saltos de cualquier tipo pero especialmente, del salto en largura. Y así se ha dado en ver que a veces, en el fondo del abismo imaginario que estoy detallando, se encuentre una gran cantidad de feligreses que queriendo tomar un atajo y hacer durar más de lo que le estaba destinado para permanecer en este mundo, han querido saltar para el otro lado y se han encontrado con que les ha faltado algo como el convencimiento moral desde el cerebro a las extremidades y se han precipitado hasta el fondo, dejando un amasijo de huesos, intestinos y otras cosas que no entraré a detallar porque son de muy macabra hechura y esto que estoy escribiendo podría ir a parar a alguien con el espíritu sensible y ponerlo a vomitar.

        También influye mucho en poner cuesta arriba el arrastrar o empujar la humanidad viviente de cada cual —lo que normalmente le amarga el almuerzo o la cena cuando uno incluso está en un restaurante o un bar y queda frente a frente con una television encendida— el hecho que por todas partes hay presidentes, reyes, monarcas y cancilleres de muchos países, pero especialmente por donde llaman oriente, amenazando con armar el gigantesco kilombo mostrándose ( y mostrándonos) los dientes y sus armas y bodegas repletas de ellas, al tiempo que amenazan directamente o solapadamente con hacerlas estallar y que este mundo se vaya —con el perdón de los presentes— a la mismísima mierda. Entonces, yo me pregunto, con qué derecho esas autoridades representantes de sus respectivos reinos y paises llevan a efecto este chantaje y realmente no me puedo contestar porque no tengo la respuesta y cualquier cosa que me dijera, incluso si es para mi más recóndito conocimiento y usufructo, sería nada más que como un barquito de papel que se arroja con desgano en la corriente del diario devenir para que al final de cuentas vaya a parar quizás donde, pero sin lugar a dudas, a ninguna parte donde pueda ser recogido su mensaje y ser de alguna utilidad para alguien. Porque es cosa de maravillarse —pero en sentido negativo— el efecto que pueda tener este tipo de actitud atropelladora de algunos mandatarios del lado de oriente en la mente y corazones de las personas, especialmente en los niños u otras almas delicadas, al extremo de mantenerlos en un estado de permanente temor a lo por venir. A mí, cuando niño, me ocurría algo asi. Vivía de contínuo en una especie de niebla transparente de miedo por lo que acostumbraba a escuchar por la radio. Porque en los tiempos de que hablo, no existía la televisión y nosotros en mi casa con mis padres, que eran unas personas a las que les gustaba mucho el leer diarios, revistas y libros y además para estar informados escuchaban las noticias. Y como la casa en que viviamos era pequeña, yo, quisiéralo o no me iba enterando de muchas atrocidades que, dicho sea de paso, han ocurrido en todas las épocas y en todos los continentes. Asi fué que me enteré que en los estadosunidosdenorteamérica, asesinaron al presidente de esa nación de unos balazos mientras iba en un auto saludando a la gente junto con su señora, que quedó con el vestido manchado con la sangre y sesos del presidente que se recostó en ella al recibir los impactos.

       Pero en fin, eso pasó hace mucho y ya de ese presidente no deben quedar más que los recuerdos, que al final de cuentas, más o menos eso es lo que permanece en la mente de los ciudadanos acerca de los que de una u otra manera van a parar al fondo del abismo imaginario por voluntad, negligencia o maldad ajena que les describí hace poco.

 

© Compilapilatos 2018.-

LAS HORMIGAS DE MATÍAS

AUTOR: SHNEY

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                   Con inconcebible regularidad y persistencia, las hormigas que invadieron el living de Matías, habían primero — casi imperceptiblemente, en avanzadas exploratorias— hecho su aparición en mi casa.  Esto no tendría nada de extraordinario como para ser llevado a consideración de los transeúntes que, ocasionalmente se apersonan por estos lares si no fuera porque Matías — el Maty— vive en el Conurbano Bonaerense, al lado de allá de la General Paz, en un 4° piso para mayor abundamiento. En tanto que a este cronista lo separan de ese hito, unos 1500 Kms, Cordillera de los Andes de por medio.

                       Y claro, razón tenía el Maty cuando se quejaba de lo incordiante que puede llegar a ser un ejército de millones de individuos dispuestos a llevarse por delante lo que venga, comenzando por la tranquilidad del sufriente invadido.

                        Lo primero que noté una tarde de sol oblicuo fué una fina hilera de a dos en fondo que se coló por debajo de la puerta de mi casa. A lo más, era un metro de hormigas, avanzando en rigurosas y metódicas lineas rectas.

                        Llegaron y entraron. Sin dudas ni vacilaciones, entraron.

                         Pasaron por el lado izquierdo de una pequeña alfombra que está ( estaba) al lado de acá de la puerta y siguieron impertérritas  hasta el centro de la salita de estar. Ahí, se detuvieron por unos pocos segundos y luego enfilaron con total determinación hasta la cocina, donde desaparecen por alguna rendija entre el mueble del lavaplatos y el suelo. Todo este episodio no duró más que unos cinco minutos al cabo de los cuales, ni señas quedó de hormigas. Nada. Como si jamás hubiese ocurrido.

                    Todo esto no habría pasado de ser un entremés anecdótico si no fuera porque al cabo de algunos días —y en el punto no hay total acuerdo entre el resto de mi familia: mi mujer dice que una semana, yo siento que un mes mientras que mi hijo asegura que es una semana y tres días— misteriosamente las provisiones comienzan a desaparecer de manera alarmante. Incluso los tarros de conserva o frascos de algún adobo se desmaterializan. Sé que resultará increíble, pero cierta vez que estábamos viendo una peli por Netflix, dejo un trozo de pretzel sobre el brazo del sillón en que estaba para  mirar por la ventana al sentir que nuestro perro ladraba, —un par de segundos tal vez demoró esta maniobra— lo cierto es que cuando fuí a coger el trozo que había dejado, ya no estaba. Había desaparecido. Crucé una mirada ceñuda con mi retoño, muy dado a estos exabruptos de gula pero, honestamente no ví en su talante señas acusadoras de ser el autor del desaguisado. Pasó, lo olvidamos, culpando a lo desmemoriado que puede colocarse un sapiens cuando pasa de cierta edad.

                    Por el asunto de nuestras ocupaciones — mi mujer y yo trabajamos y nuestra amada bestia bípeda va al cole— nos levantamos temprano. Somos especímenes que comienzan a funcionar antes que el sol haga su aparición sobre los techos y calles del pueblo. Así las cosas, aquella mañana no sentimos los empujones a la puerta trasera que normalmente nuestra bestia cuadrúpeda da en señal que no nos olvidemos de darle su ración de comida. Nos llamó la atención ese detalle por lo que encendimos las luces del patio trasero para tratar de averiguar donde demonios se había metido pero, ni luces de Balto. No fué habido esa mañana ni en la tarde cuando llegamos. Desapareció como los tarros de conserva, los frascos de adobo y mi trozo de pretzel. Y no va a aparecer, nunca más, eso ya lo hemos asumido.

                 Como si la desaparición de Balto hubiese sido la señal o el toque de clarín llamando a rebato, las hormigas comienzan desembozadamente a adueñarse de nuestra casa. Sin pudor ni miramientos, todo lo que no sea metálico, es reducido a polvo por sus mandibulillas incansables, transportado vaya a saber uno dónde y ahí, supongo, digerido. En menos de una tarde, casi bajo nuestros piés, los cubrepisos del living y los dormitorios desaparecen. Luego le siguen las toallas del baño y las cortinas, el papel higiénico, los tubos de dentífrico, el jabón, mi crema de afeitar. Todos los ungüentos y menjunjes de la jefa. Ciertamente un escándalo.

            Drácula, el hamster de mi hijo, de vivir tranquilamente enjaulado en su dormitorio desaparece sin dejar rastros y trás él siguen los libros, afiches, posters, dibujos, ropa, zapatillas, tablas de skate…en unas cuantas horas, su cuarto más parece sala de hospital por lo exiguo del moblaje y ornamentos.

                        Ahora son una marea marrón. De la línea de un metro que era pasó a una sombra movediza de varios metros cuadrados. Les hemos atacado con cuanto matabichos hay y no pasa nada. Usamos el remanido argumento del chancletazo y el lanzallamas improvisado con una lata de Axe y un encendedor pero, la victoria es efímera y frustrante. Desaparecen unos momentos, se desvanece la sombra para luego, reorganizadas, emprenderlas con nuevos bríos y determinación.

                           Y en eso estamos. Hemos llamado a una empresa exterminadora de plagas y afines pero, cuando se apersonan, no hay una miserable hormiga. Ni una. Parece una burla pero así es.

                Y así, paulatina e inexorablemente  llegamos a la etapa de temer por nosotros. Ya no estamos seguros: somos presa, somos alimento.

                  No hace mucho, despertamos por los gritos de mi hijo que sentía lo tironeaban de la cama. El episodio nos hizo darnos cuenta  que el dormir nos deja en la indefensión, por lo que hemos asumido medidas de defensa: tuvimos que hacer una especie de pileta en el dormitorio, a la que echamos unos 30 cm. de agua y en su  interior colocamos la cama. Molesto  a más no poder pero hasta ahora, eficaz.

                 Me consuela —algo— saber que las hormigas no saben nadar, aún.

 

© Compilapilatos 2018.-

 

 

 

865, ANNO DOMINI.

AUTOR: SHNEY

      Perdidos en lontananza, alejados por pétreos anfiteatros de debate, torrentes de conocimiento y en consecuencia, deslumbrados y puestos en evidencia sus piés de barro vikingosy raídas vestimentas por la luz de la razón, los dioses se han alejado de tí. Los dioses…esos mismos con que los mayores aterrorizaban tu sueño, o ponían como freno y muro a lo que natural y bestialmente se manifestaba. Ya no. Nunca más su rehén.

         Giras la cabeza hacia el ahora, y das un vistazo efímero pero profundo —abarcando más de lo que quisieras, cierto— desde el momento presente y no entiendes, no logras entender el cómo pudiste… cómo pudiste…

        Te sientes terriblemente solo. Sabes que una vez  tu impulso vital se detenga, el aliento deje de fluir y tu sangre se enfríe, morirás; y nada más que el recuerdo de lo que fuíste quedará en los corazones de aquellos que alguna vez te quisieron. Pero el amor por ellos ya no será: se habrá también  extinguido junto contigo en el momento en que como ahora —relámpago entre las  nubes— surge la certeza que sí, que ahora sí, y que ello es definitivo e irrevocable. Todo lo que sentiste, todo lo que viste y todos los placeres que experimentaste se acaban contigo. Terminan aqui y ahora con la consciencia de tí mismo. Cuando  tu luz y las luces del mundo se apaguen, desaparecerás en las sombras para siempre.

         Pero a fin de cuentas ¿ qué más que un miserable grano de polen es cada uno de nosotros?  piensas desvalido, inerme, ante la inmensidad del vacío por las certidumbres adquiridas.  No hay consuelo, ni remordimiento, ni piedad. Sólo miedo. Miedo al dolor de entender que no habrá nada más. Que fué y será mentira que  haya un lugar donde te encontrarás con los que partieron antes que tí para sentarse a la mesa de Dios o los dioses y que aquéllos te esperan sonrientes, animándote, con los brazos extendidos y copas rebosantes en sus manos. Tampoco podrás esperar a los que has conocido y que partirán después que ti, y  que en su caso como en el tuyo es lo mismo: sólo que ellos no lo saben.

          ¡ Era tan consolador, creer!

        En el descuento, miras tu vida y te preguntas si habrás sido un digno habitante de este suelo sobre el cual te tocó vivir, esperar, confiar y morir; si en definitiva, mereciste beber el agua de sus ríos y respirar el aire de campos y montañas que tus plantas tocaron. Quisieras creer que sí, porque también ahora sabes — y saber no es lo mismo que creer— que nadie más que tú eres tu juez y  jurado. Estás respondiendo por tí y ante tí de tus hechos y omisiones. No hay castigo ni premio más que la vida misma. Y de ella nada puedes llevarte, todo queda acá, a este lado. Tu cuerpo será ofrenda para las hordas de creaturas que quieran aprovechar algo de él. Tal vez sea lo justo, después de todo.

       Sólo sombras, nada más que sombras y la certidumbre abrumadora de que no hay vuelta atrás y que todo lo que pudo hacerse, fué hecho o esquivado y los resultados están aquí, gusten o no: en este trance, todos somos iguales. Y cuando seas olvidado, cuando la prole de tu prole ni siquiera se imagine que alguna vez fuíste —y lo que fuíste— que de alguna manera eres también parte de ellos, habrá concluído el ciclo.

       Todos, cada día, ayudamos a tejer el manto de sombras y olvido con que seremos arropados.

        Tienes sed, mucha sed. Un gemido apagado se escapa de tus labios, no puedes mover tu maltrecho cuerpo que se desangra por multitud de heridas. Haciendo un esfuerzo gigantesco intentas mover la cabeza para evitar que la sangre fluya a tus narices y boca. No lo consigues. ¡ Qué no darías por una bocanada de aire …!

     Ragnar Lodbrok Sigurdsson, el rey Ragnar, concluída la batalla, cuando sobre el campo no se escucha más que gritos de  heridos al ser rematados y las risotadas de los demonios bárbaros cumpliendo su feroz cometido, percibe el movimiento del que creía cadáver. Con calma, inexorable, se acerca. No ve más que a un enemigo.  Poniéndole un pié sobre el pecho, indiferente, levanta su espada.

         Sin embargo, cuán breve fué tu deleitoso triunfo, Ragnar, hijo de Sigurd Ring . Antes que los cadáveres de tus enemigos terminaran de corromperse o ser devorados por bestias y alimañas, serías capturado y ejecutado por el rey de los anglos.

 

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